El estudio se basa en el análisis de dos proteínas denominadas chaperonas, que han sido aisladas de una bacteria procedente de la Antártida, capaz de crecer a 0 grados centígrados.
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La investigación, publicada en el último número de la revista Nature Biotechnology, demuestra que si los dos genes correspondientes a estas proteínas son clonados en otros organismos, se produce en éstos una disminución de la temperatura a la que son capaces de crecer y reproducirse.
Este método se ha empleado con éxito en la bacteria Escherichia Coli, utilizada en biología molecular, que tiene una temperatura óptima de crecimiento de 37 grados centígrados y que no es capaz de desarrollarse por debajo de los 8 grados.
Sin embargo, cuando estos dos genes actúan en la bacteria, ésta puede crecer hasta en una temperatura mínima de 13,7 grados centígrados bajo cero.
Los microorganismos que degradan hidrocarburos, usados en descontaminaciones por vertidos, sobreviven tan sólo uno o dos días en mar abierto, mientras que si se les insertan estos genes podrían sobrevivir 'bastantes semanas' en temperaturas mucho más bajas a las que están habituados.

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